La mujer vasca: aportación oculta a la economia marginación
      es un texto de la economista Nekane Jurado, miembro de la RED VASCA ROJA, fechado el 20 de septiembre de 2000 y actualizado el 3 de octubre de 2001. Fué publicado en el libro colectivo titulado La mujer en Euskal Herria: Hacia un feminismo propio. Basandere Argitaletxea, Donostia.
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      3. FUNCIÓN ECONÓMICA DE LA MUJER

      Hoy, en Euskal Herria, los problemas de la distribución de la riqueza, los problemas medioambientales, y los problemas de la mujer, no son independientes y deberán de ser solucionados como un todo, porque son problemas que interactuan y crecen aceleradamente, como fruto de un sistema económico que, por su propia lógica de funcionamiento los origina.

      Para comprender los fenómenos que se congregan con relación a las funciones que desempeñan las mujeres, y su representatividad en la economía, se está haciendo necesario la constatación de análisis estadísticos de las realidad plural, sostenidos ineludiblemente por estudios pertenecientes a la psicología, la economía, la sociología, la antropología, la historia ... sin los cuales cualquier planificación de políticas de igualdad quedará distorsionada.

      Aquí nos centramos en el tema económico, sabiendo que solo es una faceta más del problema. Ningún progreso puede considerarse bueno, sino trae mayores cotas de BIEN-ESTAR (en definitiva de estar bien, de felicidad) para el conjunto social, en el que las mujeres representan la mitad de la población.

      Según la Organización Internacional del Trabajo(9) de unos 3.000 millones de personas que forman la fuerza mundial de trabajo, 900 millones están en situación de subempleo y 140 millones están puramente desempleados, existiendo unos 1.200 millones de personas que viven por debajo de los umbrales de pobreza, siendo más del 80% mujeres. Así podemos citar textualmente del informe " ..Paralelamente a la persistencia de un fuerte desempleo y subempleo, cunde la preocupación por la exclusión social que va en aumento están particularmente expuestos a esta exclusión los jóvenes desempleados, los desempleados de larga duración, los trabajadores de edad despedidos, los menos calificados, las minorías étnicas, siendo las mujeres las que se enfrentan a unas barreras más altas ante el empleo en todas las categorías y países....La competencia cada vez más enconada y los cambios económicos que trae consigo la confluencia de la integración económica mundial con los adelantos técnicos pueden engendrar inestabilidad y dificultades en lo tocante a mantener la empleabilidad de una gran parte de la población activa de un país, incluidos los países desarrollados."

      En Hego Euskal Herria, en el año 2000, oficialmente la tasa de actividad femenina fue del 41,5%(10), por otra parte el 19,9% de las mujeres que buscaban trabajo estaban en paro(11). Debemos de señalar que el colectivo femenino no es un colectivo homogéneo existiendo fuertes diferencias entre distintos grupos de edad, así la mayor tasa de actividad (mujeres en edad laboral demandando empleo) se da entre el grupo de 25-44 años de edad, con una tasa de actividad del 85,8%. Por el contrario la mayor tasa de paro se da entre las jóvenes de 16-24 años con una tasa de paro superior al 30%.

      A pesar de estas tasas tan altas de "inactividad" y paro entre las mujeres, su aportación a la economía es muy superior a la de los varones. Para mejor comprender esta aparente contradicción analizaremos brevemente las distintas formas de participación de la mujer en el mundo del trabajo, teniendo siempre presente que el trabajo es algo más que la jornada laboral remunerada en un "mercado oficial", siendo precisamente la mujer la que vive y sufre la complejidad del entretramado del trabajo, desde la vertiente trabajo remunerado y no remunerado, y dentro del primero desde el trabajo oficial al sumergido.

      Una de las características del sistema económico es que la mayoría de la población, y de forma creciente, no cuenta con otro tipo de recursos económicos que no sean la venta de su capacidad de trabajo a cambio de un salario. Pero no todo trabajo está remunerado, y la realidad demuestra que aunque la forma salarial sea la forma más común y más importante de renta (la llamada producción formal), existen una forma de trabajos y producciones precarias (producción informal), cuya característica principal parece ser la "invisibilidad" (trabajo domestico, "voluntariado", economía sumergida...)

      Así el empleo, centrado en la remuneración, se ha convertido casi una institución social, da a las personas coordenadas de referencia en la sociedad, permite la interacción con los demás, otorga un estatus y autoestima, que se niega a quien no tiene un empleo remunerado, a la vez que permite la participación en la vida pública a través de instituciones superiores a la familia, como es la empresa, el sindicato, el mercado, ect. Todo esto en el momento actual se ha ligado solo al empleo remunerado y al tipo de empleo, lo que es otro elemento de relegación de la mujer a un segundo plano, aumentando la dependencia y subordinación de las mujeres.

      Antes de ahora la marginación era cultural, étnica, o religiosa, pero a final del Siglo XX se ha creado una nueva y más potente marginación: la marginación social de l@s parad@s con lo cual las mujeres, grueso de este colectivo, ven sobre sí una nueva amenaza, ya que a ellas sólo se les ofrece la producción informal, también llamada "economía complementaria", siendo de suma importancia por la riqueza que produce el trabajo doméstico.

      Y en medio de esta trama, donde lo importante es el "valor de cambio", no el "valor de uso", la división del trabajo y la explotación de la mujer se convierten en sustento del desarrollo económico.

      3.1. LA DIVISION DEL TRABAJO

      Una parte importante del esfuerzo productivo de la humanidad no está explicado, se mueve fuera de los circuitos de mercado, no se rige por la ley del valor y se resiste a cualquier tratamiento "científico".

      La principal característica del modo de producción capitalista es la producción generalizada de mercancías (sean más o menos útiles, "valor de uso") con el objetivo de ser vendidas en el mercado ("valor de cambio") y obtener con ello un beneficio, beneficio que es el motor del capitalismo. Cabe resaltar que todo el edificio de la obra de Marx "El Capital" está construido sobre la mercancía, esto es, sobre el trabajo humano que tiene un valor en el mercado porque se plasma en un objeto que puede ser vendido(12).

      Pero el trabajo dedicado a la producción de mercancías es solo una parte, y no la mayor, del total del trabajo socialmente necesario. Así todo el trabajo social que no tiene asignado valor de cambio, no se le considera con valor económico, aunque tenga un valor de uso elevado y no pueda prescindirse de él. Entender este concepto nos lleva a entender el porque de la división del trabajo entre sexos.

      En toda sociedad existe un trabajo necesario para su propia supervivencia, es el "producto socialmente necesario" cuya mayor parte lo forma el trabajo doméstico. Este producto socialmente necesario, y sin valor económico en el mercado, debe de ser "obligatoriamente" realizado(13). En nuestra sociedad, de predominio económico del varón, se ha asignado a las mujeres esta función, de la que la gran mayoría no puede sustraerse (solo una elite de mujeres se sustrae, trasladando las funciones a otras mujeres). Así la mujer es "obligada", aunque la obligación se revista de doctrina religiosa, histórica, cultural, ect. a realizar un trabajo necesario, sin valor ni derechos económicos: el trabajo doméstico.

      Y cuando por interés del mercado parte del trabajo social se mercantiliza (educación, sanidad, servicios a personas...), su valor de mercado, no se relaciona con su valor de uso, por lo que se hace necesario una mano de obra "explotada" que aporte más trabajo que el que está dispuesto a pagar el mercado. Este trabajo, en sus tramos de mano de obra intensiva y no cualificada, también se le asignará a las mujeres.

      Así se va consolidando la división sexual del trabajo dentro y fuera del hogar, y fuera de este en el trabajo de mayor o menor valor económico (no de uso). Es falso que la mujer elija esta segregación laboral, la mujer está destinada, dentro de las relaciones económicas diseñadas, a cubrir estas funciones económicas, y muy difícilmente podrá acceder a otras, sin que exista un cambio profundo en cuanto a la filosofía que sustenta al sistema capitalista.

      Para algunos sociólogos, las ocupaciones femeninas son aquellas cuyas características retoman los trabajos desarrollados por las mujeres en la época pre-industrial, o aquellas que en el mercado constituyen una prolongación de las tareas domesticas. Pero las nuevas formas de segregación sexual impuestas por el desarrollo tecnológico más reciente y los nuevos tipos de trabajo que en este marco están desarrollando las mujeres no pueden explicarse según este modelo. La clave está en lo dicho anteriormente: los valores de mercado de lo que se produce y la cantidad de trabajo necesario para esas producciones. Cuanto más baje el primero y aumente el segundo, más se utilizará el trabajo femenino en ese sector. Hay que comprender el mercado de trabajo como una estructura dual, donde la parte secundaria ha sido asignada al trabajo femenino. Desde este análisis se percibe que son los propios requisitos y mecanismos de funcionamiento del mercado, interrelacionados con los distintos niveles de la estructura social(14) que los sustenta, los determinantes de la discriminación femenina.

      Cabe recalcar, que la involución socioeconómica, y cultural de los últimos tiempos, esta sustentada en una ideología regresiva, que se extiende a todas las áreas, siendo crucial su aportación al área de las teorías económicas (nunca fue más cierta la frase "La economía es ideología disfrazada" ), así bajo el llamado teóricamente "Enfoque pluralista del trabajo" se trata de enfatizar que la mujer no "debe de estar obligada a imitar al varón en el mercado laboral", sino que la mujer tiene unas expectativas y una jerarquía de valores (se olvidan de matizar que estas están impuestas por la educación y el dominio patriarcal) también diferentes.

      Hay que estar alerta con este tipo de enfoques ya que esta siendo utilizado por el neoliberalismo para argumentar y validar sus teorías de la desigualdad, claramente regresivas para la mujer. Así economistas internacionales de la talla de Blecker, Mincer o Polacheck, argumentan que la productividad marginal(15) de hombres y mujeres son distintas frente al trabajo doméstico y el trabajo fuera del hogar. En conclusión economicista pura es lógico y natural que la mujer se centre en lo que ella es más productiva (trabajo doméstico de producción y reproducción) y el hombre en el mercado de trabajo. Así están consolidando una teoría que legitima que la mujer sea tratada como trabajadora "de segunda clase".

      Argumentan dos tipos de trabajo: los protegidos, y los menos protegidos. En el primero estaría casi todo el sector servicios privado, y en el segundo la industria, y por tanto existen también dos tipos de mano de obra, un para cada sector. Así en el sector servicios se localizaría la mayoría del trabajo femenino, cuyas posibilidades de estabilidad, cualificación y promoción son menores que en el sector protegido.

      Desde otro aspecto del problema no cabe olvidar que la mujer no solo tiene problemas objetivos de igualdad real de oportunidades a la hora de desarrollar un trabajo remunerado, sino que se enfrenta a fuertes problemas subjetivos que no tiene el hombre.

      A la mujer, y en especial la casada, o emparejada, la sociedad le reconoce el derecho a trabajar, pero este derecho no es reconocido como obligación, sino como una actividad que debe de supeditar a su obligación primordial: la dedicación al hogar y a los hijos. Por el contrario al hombre, reconocido como cabeza de familia, se le supone la obligación de trabajar, pasando las obligaciones familiares a segundo plano frente a su empleo.

      A esta desigualdad de roles hay que añadir la subordinación y dependencia a la que se obliga a la mujer. Así aunque la mujer trabaje fuera del hogar, se le supone a ella la responsabilidad última del hogar, los hijos, y de toda la esfera de lo privado (ancianos, disminuidos..). De este hecho se beneficia el hombre, que puede mejorar su dedicación a la empresa, su formación, sus relaciones sociales, en definitiva puede aumentar su competitividad y sus aspiraciones.

      Es claro que esta aportación de la mujer a la vida profesional de sus compañeros no es recíproca. Si alguna mujer trata de salirse de este rol y dedicarse por entero a su vida profesional, el peso de su educación amenaza con aplastarla. Así los " complejos de mala madre, mala hija(16), de egoísmo en el desarrollo personal, de hacer peligrar las relaciones de pareja...." son argumentos de largo alcance contra la mujer, argumentos que no parecen plantearse los hombres.

      Los resultados de esta discriminación son patentes, a pesar de la supuesta "igualdad" que nos venden. Así el estado español(17), al analizar el Indicador de Desarrollo Humano (IDH), dentro del ranking de los 50 países más industrializados ocupaba el noveno puesto. Ahora bien cuando el IDH se corrige en función de la desigualdad sociológica entre los sexos, Indicador Sexo-específico de Desarrollo Humano (ISDH), se situaba en el puesto número 34. La clave de este descenso tan brusco, se puede encontrar en los datos que ofrece el informe respecto a la participación socio-laboral de las mujeres. A pesar de que el 45,2% son consideradas activas (empleo remunerado, o buscando empleo), estas recibían solamente el 18,6% del total de rentas de trabajo. Este último dato también contrasta con el de que el 47% de las trabajadoras se clasificaban en profesiones liberales y técnicas. A pesar de lo rimbombante de la clasificación, está la realidad de las rentas percibidas. La clasificación laboral también contrasta con el hecho de que solo el 9,5% de las mujeres tuviesen puestos de ejecutivos o "cuadros de empresas"(18).

      Lo anterior sirve para esbozar la necesidad de profundizar en la articulación de las relaciones de clase y sexo, situar el concepto del trabajo en una dimensión más amplia que el trabajo remunerado, considerar la economía como un sistema más complejo que la mera producción de mercado, para articular producción y reproducción como dos esferas profundamente interrelacionadas del desarrollo económico.

      3.2. LA PRODUCCIÓN DOMESTICA: PRODUCCIÓN-REPRODUCCIÓN

      El reparto de la riqueza es injusto por muchos factores, entre los que se encuentra el reparto del trabajo doméstico. El grueso de la producción- reproducción doméstica (valorado como mínimo entre un 80% y un 120% de la riqueza generada en nuestra economía) recae en un solo sexo, y sin contrapartida de derecho económico alguno (lo que lógicamente lleva a su empobrecimiento). La magnitud de esta realidad se pone de manifiesto ante el hecho de que por cada hora de trabajo extradoméstico producido por los varones, existe 1,55 horas de trabajo doméstico producido por las amas de casa(19).

      Así se oculta que la Contabilidad Nacional, ideada por los organismos económicos internacionales y pactada por los diferentes países, es una "contabilidad ideológica", que se centra en los flujos del mercado, y es a través de este prisma como se contemplan - o dejan de contemplar - los restantes fenómenos económicos que no tienen en el mercado un reflejo directo, así, entre otros, no se contabilizan los costes medio ambientales, ni la producción doméstica, ni los trabajos de "voluntariado" social.

      Pero lo grave de la situación es que el no existir contabilidad no quiere decir que no se genere riqueza (todos los hogares tienen ingresos y gastos aunque no lleven libros de contabilidad ni de balances), la riqueza se genera y es absorbida por el entretramado estructural que sustenta al propio sistema económico. El precio del mercado remunerado depende en buena parte de las condiciones del trabajo no remunerado. Las tensiones salariales son menores en un sistema donde la producción doméstica es alta. Lo que se acaba traduciendo en una mayor rentabilidad de las empresas y unos costes sociales menores (es obvio que si la mujer aumenta su productividad en el hogar, sin consumir productos semielaborados, y sin recurrir a servicios exteriores de limpieza, cuidado de menores, mayores, ect, la masa monetaria que se considera mínima para el hogar disminuye, a la vez que los servicios públicos de atención a la infancia y tercera edad, de educación, de asistencia sanitaria ect, se sienten menos presionados).

      Esta idea perfila claramente que la capacidad adquisitiva depende de muchas variables. La elección de los bienes y servicios que han de ponerse en la "cesta de la compra"(20), es por sí misma una decisión técnica en la que se encierran muchos componentes socio-políticos, pero en cualquier caso se refiere solamente a los bienes "puestos en el mercado". En circunstancias normales (y sin grandes tensiones en otros mercado), una gran cantidad de trabajo doméstico, ayuda a mantener bajos los niveles de inflación.

      Así podemos afirmar que el trabajo de la mujer en el hogar está cumpliendo tres funciones de suma importancia en el complejo entramado de las relaciones macroeconómicos.

      1º El trabajo de la mujer está haciendo de colchón para que no existan las tensiones que tendría que haber en el mercado laboral de no existir este trabajo doméstico. Está sucediendo que la masa salarial sigue disminuyendo en base al esfuerzo y trabajo de la mujer. Es decir, permite mantener rentas salariales más bajas

      2º Los gastos sociales recogidos en los presupuestos públicos, también se benefician del mayor trabajo de la mujer. Lo que significa que en momentos de "reajustes económicos", a los poderes públicos también interesa más que nunca tener a la mujer en casa, ya que con ello no se ejerce tanta tensión o presión sobre los gastos sociales del presupuesto público.

      3º La mujer es la única con capacidad para reproducir la futura fuerza de trabajo y los futuros consumidores. Así se utiliza a la mujer no solo para ahorrarse gastos sociales, y salarios, sino que la mujer entrega formado para su papel de trabajador@ consumidor@ el capital humano necesario para mantener el sistema.

      No podemos desarrollar en amplitud el tema pero puede comprenderse que el trabajo no remunerado es básico para el modelo capitalista, y ni los gobiernos, ni los pagadores de impuestos, ni los sindicatos, tienen interés alguno en modificar la situación. Con lo cual el trabajo no remunerado está atrapado en un ámbito, no escrito, no contabilizado, mal definido dentro del derecho de familia, no abiertamente pactado, muchas veces impuesto y que frecuentemente entra en contradicción con los principios generales del trabajo remunerado. Y puesto que gran parte de la cultura cívica de la modernidad es heredera de las luchas y pactos sociales entre los asalariados y el capital, los trabajadores no remunerados carecen de muchos de los derechos sociales de los restantes trabajadores (no tienen derecho a prestaciones por incapacidad laboral, ni pensiones de jubilación, ect).

      3.3. OTROS MODELOS DE PRODUCCIÓN "FEMENINA".

      Aún en las épocas mal denominadas de "pleno empleo" la mano de obra femenina no ha sido, de forma general, integrada en el sistema oficial de producción, más que como mano de obra de "2ª categoría" en las labores "más bajas" de la cadena productiva, y en los sectores comerciales y asistenciales-educacionales medios-bajos del sector servicios. Pero con una constante en todos los sectores, la capacidad laboral de la mujer se ha utilizado como instrumento regulador del mercado de trabajo, _ como un ejercito de reserva para contener las demandas de los ocupados _, y como un elemento de abaratar costes sumergiendo parte de la producción.

      Como elemento regulador, se han desarrollado en los últimos años los "contratos a tiempo parcial"(21), contratos que tienden a responder a las necesidades de la empresa o sector servicios (horarios entre-turnos, horarios en producción punta, limpieza de oficinas fuera del horario de trabajo de estas, preparación y servicio de comidas en restaurantes, ect) y no a las necesidades de l@s trabajador@s, en su mayoría mujeres, muchas de las cuales con responsabilidades familiares se ven atrapadas en la aceptación de un trabajo en el mismo horario en que sus propios hijos demandaban sus servicios, con la presión psicológica añadida que esto supone.

      Hay que dejar claro que el trabajo a tiempo parcial no responde a las necesidades de la mujeres, y si son éstas en su mayoría las contratadas, es porque son ellas las más necesitadas de oferta laboral y las únicas que aceptan cierto tipo de condiciones, que difícilmente acepta un hombre en su misma posición.

      Por otra parte la economía de producción de mercado sumergida, no es un hecho esporádico y anecdótico de un determinado sector o una determinada coyuntura económica, es una estructura paralela a la economía contabilizada. Ciertas actividades tanto en servicios (comercios, bares-restaurantes, confección, correspondencia y propaganda), como en la industria (montaje de pequeños componentes eléctricos en el sector línea blanca, ensamblaje de componentes de máquina-herramienta, ect) se realizan en mayor medida fuera que dentro del ciclo emergido o legalizado(22).

      En la actualidad, la degradación de las condiciones de trabajo, está derivando en formas más "sofisticadas", así el teletrabajo, no es más que la expansión de la economía sumergida hacia áreas que hasta ahora no podían sacarse del propio ámbito de la empresa. La informática, y el desarrollo de las telecomunicaciones permite "descentralizar" gran parte del trabajo de gestión y administración, hecho que está siendo aprovechado para "sumergir estas actividades", dónde una vez más la mujer, es la destinataria ideal, tanto por su creciente nivel de formación, como por su mayor disposición a "aceptar cualquier cosa", dado que en la economía formal la "igualdad de oportunidades" de los dos sexos es meramente teórica.

      El trabajo doméstico por cuenta ajena, donde prácticamente el 100% son mujeres, se sitúa a caballo entre la economía formal y la economía sumergida, se transfiere un trabajo asignado socialmente a las mujeres en la esfera de lo privado, a otras mujeres que perciben por ello un salario. Esta transferencia de funciones se está realizando sin poner en tela de juicio ni cuestionar la división social del trabajo entre sexos en el hogar. Y malpagando y no asegurando en muchos casos, a la trabajadora, con lo cual la empleadora (mujer) está colaborando con la no-valoración de este trabajo, y las repercusiones globales sobre las trabajadoras de su propio sexo.

      Unido a las pésimas condiciones de trabajo, las remuneraciones suelen ser muy bajas, en Hego Euskal Herria más del 80% cobran menos del Salario Mínimo Interprofesioal a cabo de jornadas muy elevadas (el 84% declaran trabajar más de 40 horas semanales), casi un 70% no están afiliadas a la Seguridad Social. La edad media de las trabajadoras en este sector es relativamente avanzada, ya que un 35% supera los 40 años de edad. Muchas de estas mujeres han abandonado la búsqueda de cualquier otro tipo de trabajo, bien sea por falta de formación profesional, por su edad, ect.

      Las relaciones laborales en este sector están en un claro retroceso en la última década. El derrumbe económico de la Europa del este, unido al desplome de Africa, a la política neoliberal a ultranza ensayada en América del Centro y Sur, todo ello unido al lucrativo negocio de las mafias que trafican con emigrantes (incluidas las asiáticas), está surtiendo de una mano de obra cuasi-esclava.

      Por todo ello es obvio que las condiciones de explotación más duras recaen sobre la mujer emigrante. La solidaridad de género y de clase debería de introducir de forma definitiva los inmensos problemas de este oculto colectivo en cualquier debate que se precie. Este colectivo está siendo destinado como "mera mercancía" a cubrir en nuestra sociedad la creciente demanda de dos sectores: la demanda de servicios sexuales y la de empleadas de hogar, preferentemente a la atención de personas de la 4º edad, con grandes problemas físicos y psíquicos. En ambos sectores estas mujeres quedan recluidas a la invisibilidad, y a unas condiciones laborales de esclavitud, no reconocidas y sin derechos.

      El ámbito de lo privado es un marco idóneo para este tipo de relaciones laborales, donde las funciones se extienden a todo tipo de servicios, incluidos los caducos derechos feudales sobre el sexo.

      Otra figura en auge es la de la "trabajadora autónoma", esta en contraposición con la figura autónoma tradicional que sería aquella que dispone de sus propios medios de producción y organización de su trabajo. Esta "falsa autónoma" suele carecer de medios de producción y organización, siendo utilizada por las empresas para realizar procesos de desconcentración productiva y sus condiciones laborales son una copia de las de la economía sumergida.

      Una figura base de nuestra historia y economía hasta épocas recientes ha sido la de la mujer baserritarra, o mujer rural. Hoy esa figura persiste entre nosotr@s pero con tintes de explotación novedosos. En la última década, muchas han sido las mujeres jóvenes que ante las tasas de desempleo urbano, han decidido quedarse en su medio rural, o integrarse en él a través de relaciones de pareja. Estas mujeres se han hecho cargo, casi en exclusiva de las tradicionales explotaciones agrícolas-ganaderas, ya que los varones trabajan por lo general fuera de dichas explotaciones. Mujeres bien formadas, tanto para la utilización de las nuevas tecnologías agrícolas como de gestión, están capitalizando el entorno rural vasco. El problema surge cuando la capitalización de su trabajo se incorpora a un patrimonio del que no son propietarias. Los caseríos suelen ser propiedad de la generación mayor, por lo cual estas mujeres no tienen ni tan siquiera el derecho a que las mejoras y fruto de su trabajo se incorpore a "los bienes gananciales" en caso de ruptura de sus relaciones. A esta inseguridad económica que sirve de anclaje a la opresión patriarcal, y aquí también a la explotación laboral, se aúna una legislación retrógrada que, entre otras cosas, no permite a estas mujeres tener sus propias cotizaciones sociales, como trabajadoras agrarias, al requerírseles ser titulares de las explotaciones. Al carecer de cotizaciones no tiene ningún tipo de derecho económico frente a la enfermedad, maternidad o jubilación.

      El trabajo no contabilizado de las mujeres, bien en hogares propios o ajenos, en el agro, o en la economía sumergida, no son casos aislados, es una gran realidad que refleja uno de los fenómenos fundamentales del mercado laboral femenino. Caracterizado por unas condiciones de trabajo absolutamente regresivas. Salarios, jornadas, ritmos de trabajo, condiciones de salud, derechos sindicales, ecetera se encuentran bajo mínimos.


      (9) Informe sobre el Empleo en el Mundo 1998-1999. Oficina Internacional del Trabajo- Ginebra. 1998. Texto

      (10) Fuente: EUSTAT. Encuesta PRA. La tasa de actividad, recoge el porcentaje de mujeres que se encuentran contabilizadas como trabajadoras o parada demandantes de empleo. Es decir que de cada 100 mujeres de HEH, 40 trabajan o demandan empleo. El otro 60 simplemente se las considera “inactivas” (las estadísticas no incluyen el trabajo no contabilizado de la mujer). Texto

      (11) Fuente: Encuesta de Población Activa, media 1999.
      No debemos olvidar que son cifras de paro oficial, es decir de mujeres inscritas en el INEM que no encuentran empleo. No se incluyen las mujeres que forman “el paro desanimado”, es decir las que por edad, o niveles bajos de formación se autoexcluyen del mercado laboral (casi el 50% de las mujeres en edad laboral se autoexcluyen).
      Texto

      (12) Una teoría tan completa como la de Engels-Marx, olvidó analizar el pilar básico que lo sustentaba: el trabajo socialmente necesario y sin “valor de cambio”. Le faltó un análisis del “valor de uso” y de la explotación –opresión para la apropiación del “valor de uso”. Texto

      (13) Las distintas sociedades se han valido de mano de obra esclava (prisioneros de guerra, personas capturadas en cacerías humanas, ect.), siervos, o simplemente mujeres en cualquiera de las categorías anteriores, o como hija-esposa sin derechos propios. Texto

      (14) Estructura patriarcal, sesgo educacional, opresión religiosa, ect. Texto

      (15) Por productividad marginal se entiende la cantidad de producción que se puede obtener en un tiempo dado. Simplificando estos teóricos dicen que una mujer barre más metros cuadrados de suelo y mejor que un hombre en el mismo tiempo dado, por lo cual su productividad marginal es mayor en el servicio limpieza. Si la del hombre se supone mejor en el sector “finanzas”, en lógica de sumas económicas puras, cada cual que trabaje donde saque más producción que el otro. El análisis es totalmente inconsistente, al profundizar en la formación, y otras variables. Texto

      (16) La mujer no sólo ha sido preparada para cuidar a sus hijos, sino también para cuidar de sus padres en sus últimos años. Muchas mujeres que se creían "liberadas" para desarrollar una carrera profesional, se enfrentan en su edad madura con el problema de unos padres que necesitan cuidados que ellas no pueden proporcionar, y las alternativas que esto requiere están causando grandes problemas psicológicos en este colectivo. Texto

      (17) Fuente: Informa Mundial sobre el desarrollo Humano, 1995. Naciones Unidas .El IDH engloba entre otros indicadores el de la esperanza de vida y nivel de alfabetización de adultos_ Solo existen datos del IDH para los estados, no disponemos de estudios análogos para Euskal Herria. Texto

      (18) La mayoría de ejecutivas, desarrollan sus funciones en empresas ligadas a sus familias, o grupos de poder. Texto

      (19) Mª Angeles Durán, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, "El trabajo invisible”. 1996. Texto

      (20) La composición de la “cesta de la compra” se utiliza para calcular el IPC (Indice de Precios al Consumo” que es un elemento de gran manipulación con fuerte incidencia en el deterioro de las rentas más bajas (pensionistas, salarios mínimos, y negociación salarial en base al IPC ). Texto

      (21) En 1999 en Hego Euskal Herria,, algo más de un 20% de todos los contratos firmados, lo fueron a tiempo parcial de los cuales el 68;7% fueron firmados por mujeres. Texto

      (22) IKEI, en un estudio realizado para el Gobierno Vasco, afirmaba que en 1985 había 400.000 trabajador@s en la economía sumergida, frente a l@s 606.000 ocupad@s en la economía formal, de l@s cuales el 77% eran mujeres. Un dato curioso es que de esas 306.000 mujeres, 213.000 eran amas de casa. Texto



      4. MUJER Y POBREZA

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